miércoles, 3 de julio de 2013

ENTORNO URBANO: Nostalgia patrimonial


La Universidad Central de Venezuela fue declarada Patrimonio de la Humanidad, por la Unesco, en el año 2001. El complejo arquitectónico diseñado por Carlos Raúl Villanueva, y todo el arte que contiene, ha recibido no sólo ése sino múltiples reconocimientos a nivel nacional e internacional.

¿Es esa la única razón para preservarla? Pues no. Quien haya caminado por sus pasillos cubiertos en un día de lluvia o de sol, visto las nubes de Calder suspendidas sobre su cabeza en el Aula Magna o contemplado las esculturas de Narváez en alguno de sus espacios, sabe que todo ese conjunto tiene un valor artístico e histórico que debe ser conservado y respetado. Incluso existe el valor sentimental, me refiero a esa conexión emocional que siguen sintiendo los ucevistas por su alma máter, por esa madre que los nutrió y los nutre, a pesar de todas las dificultades.

Los elementos patrimoniales representan una obra de la civilización, son muestra de la variedad y la creatividad de las sociedades y sus culturas. Atentar contra ellos, a través de la desidia o los actos destructivos, es un ángulo del enfrentamiento entre la civilidad y la barbarie. Hay momentos en los que hay que tomar partido.

Defender el patrimonio no es sólo salir a la calle y enfrentar a los bárbaros que lo agreden, no es sólo exigir que se conserve de la forma adecuada, es hacer nuestra parte por preservarlo, respetando su integridad y su permanencia en el lugar y la dignidad que le corresponde, ya sea la estatua de Cristóbal Colón, la paradura del niño, la escultura de Maria Lionza, el polo coriano o la magnífica obra del maestro Villanueva. En la historia de la cultura venezolana se han producido éstos y otros elementos, construidos o no, que son legado y responsabilidad de todos. Es algo de lo que se ha hablado muchas veces, de la responsabilidad colectiva de la sociedad por el patrimonio cultural de esa misma sociedad. Temo que llegará el día, en que después de haber permitido que se pierdan valiosos elementos de nuestra herencia, sólo nos quede la nostalgia de alguna imagen o una anécdota lejana.

¿Estamos perdiendo la batalla por la civilidad? Por momentos pareciera que si, al menos en el terreno de la defensa del patrimonio. Cuando se alteran entornos o elementos que deberían ser conservados, cuando se dejan en el olvido tradiciones y costumbres, cuando se hace o se deja hacer... cuando se irrespeta. Sin embargo todavía hay oportunidad, hay esperanza, porque hay gente que se admira ante la monumental fuente de Maragall en el parque Los Caobos, hay niños que se fascinan ante los diablos danzantes en Corpus Christi y hay ucevistas que no olvidarán la luz de su casa de estudios aunque ya no estén entre sus espacios.

Cultivar la civilidad va desde los pequeños a los grandes detalles. Está en el creer, en el decir, en el hacer. Cuando veo a alguien ceder su asiento en algún transporte público, siento que podremos no llegar a tener sólo nostalgia por nuestro patrimonio.

Fuente: El Universal
Fecha: 29-06-2013

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