martes, 9 de julio de 2013

Un infierno de ocho edificios



En la década de los setenta, poder vivir en alguno de los 2538 apartamentos de Parque Central era un privilegio. Los edificios Tacagua, Caroata, Catuche, Tajamar, San Martín, El Tejar, Mohedano y Anauco eran el sueño de calidad de vida para cualquier caraqueño.

José Abreu fue uno de los afortunados. Casi cuarenta años después, tiene problemas hasta para lo más cotidiano: botar la basura, estacionar su carro, caminar libremente por los pasillos o formar una Asamblea de Propietarios.

Para los habitantes de Parque Central, el complejo tiene años en decadencia, pero ahora ni siquiera tienen a quién acudir para intentar buscar soluciones.

Con la liquidación de la Inmobiliaria Parque Central (empresa filial del Centro Simón Bolívar que administraba el condominio), una junta liquidadora quedó a cargo del complejo desde marzo del año pasado. En junio se vence su vigencia y los vecinos ignoran qué ocurrirá.

Lo que más temen es que se vuelva realidad el rumor de que la administración pasará a manos del gobierno de Distrito Capital, pues eso los alejará aún más de la posibilidad de controlar sus problemas.

La comunidad reclama que durante este tiempo la junta no ha rendido cuentas de su gestión y los recursos del recibo de condominio no se reflejan en mejoras para el complejo.

Los vecinos han exigido sin éxito una reunión con los representantes de la junta, pues además desconocen el destino de su fondo de reserva y ven con impotencia cómo se ignoran las necesidades prioritarias de las residencias, como la reparación de los ascensores, el adecuado tratamiento de la basura, la atención de las filtraciones y una mejor vigilancia.

En Parque Central hay que andar con cuidado. Valerio López, vecino del complejo desde hace más de 20 años, cuenta que ha sido testigo de numerosos robos y que luego de las 5 de la tarde, la comunidad se autoimpone un toque de queda.

El momento más escalofriante es el de estacionar el carro. Los sótanos 2 y 3 serían escenarios perfectos para una película de terror: hay basura, filtraciones, charcos, chatarras de vehículos y otros con polvo de meses, todo en la penumbra. Los copropietarios ya no cuentan con los puestos en el sótano 1, pues desde hace años, la mayoría de éstos están reservados con cadenas para funcionarios públicos.

El funcionamiento de los ascensores es intermitente y en el recibo de condominio los vecinos pagan por el servicio de ascensoristas que no existen. Mientras, los elevadores pequeños, que llegan hasta el nivel de las oficinas, tienen años clausurados.

Muchos de los accesos también están condenados, como el que lleva a las residencias, desde el nivel Bolívar, así evitan que entren extraños a las residencias.

En donde funcionaban los servicios médicos del Centro Simón Bolívar ahora hay damnificados y los vecinos presumen que invasores se instalaron en algunas oficinas que estaban desocupadas, pues ahora cuelgan ropa en las ventanas.

Pero con todo y los males que sufren, los vecinos se resisten a pensar como Daniel Fernández-Shaw, uno de los arquitectos del complejo: "Parque Central se hizo para una Venezuela que ya no existe".

Fuente: El Universal
Fecha: 14-05-2012

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