viernes, 8 de noviembre de 2013

El fracaso urbanístico del "Socialismo del Siglo XXI"



El comportamiento urbanístico de las principales ciudades venezolanas se ha visto afectado en los últimos siete años, mayoritariamente, por dos iniciativas gubernamentales. La primera, dotar de orientación ideológica al Estado Comunal, durante el primer trimestre de 2006; y la segunda, el anuncio oficial de la Gran Misión Vivienda, el 30 de abril de 2011. Para estudiar estas políticas urbanísticas, el corresponsal en Madrid de Informe21, José A. Puglisi, ha tenido acceso a la presentación Ideología y ciudad en el “Socialismo del siglo XXI”, del expresidente Conavi y profesor universitario, Oscar Olinto Camacho.

“No se pueden dirigir ciudades del siglo XXI, con estructuras del siglo XX y dirigentes del siglo XIX”. La frase del experto en liderazgo John Kotter parece describir a la perfección la situación urbanística venezolana, en la que las restricciones de un régimen político alteran y dificultan las posibilidades para una sana práctica urbanística, una idea que comparte Oscar Olinto Camacho, expresidente Conavi y profesor universitario en la Universidad Simón Bolívar.

Olinto, en su análisis Ideología y ciudad en el “Socialismo del siglo XXI” , asegura que para la creación del Estado Comunal, el Gobierno de Chávez se sustentó en figuras ilegítimas constitucionalmente, así como carentes de autoridades electas y manipuladas desde el Poder Ejecutivo, tales como son: los consejos comunales, las comunas y sus federaciones.

En este modelo, el régimen ha impuesto “desconectadas reglamentaciones y normativas paralelas, igualmente inconstitucionales, que han ido generando deformaciones y serias restricciones metropolitanas en el campo de la planificación urbana”, aclara el expresidente de Conavi, quien puntualiza que, de esta forma, se ha sobrestimado “la conducción del Poder Popular en la organización y funcionamiento de las ciudades, restringiendo el rol y gestión urbana de las alcaldías y gobernaciones”. Es importante recordar que estas últimas dos instancias son las autoridades locales y estatales legítimamente electas para enfrentar, de manera coordinada, la metropolización creciente en el territorio nacional.

A pesar de que estos esfuerzos “ilegales” tienen como fin la consolidación de las “Ciudades Socialistas”, Olinto no les prevé un futuro exitoso. “Considero que, en este empeño [“las Ciudades Socialistas”], encontrarán hoy y en el futuro muy cercano serias dificultades para avanzar, debido a la creciente disminución de la enorme plusvalía ideológica que, indiscutiblemente, generaba día tras día la carismática y convincente figura de Chávez”, reflexiona.

Desconfiado de que los nuevos representantes oficialistas puedan mantener viva la herencia y testamento político de Chávez, Olinto vaticina que el modelo de ciudad cambiará de norte ante las divisiones internas del régimen. “El afán y la nueva finalidad por apropiar sus diversos intereses en el poder político, independientemente de sus condicionantes y mandatos externos, comienza ya a desplazar hacia la periferia a la ideología implícita en el Estado Comunal”, aclara el profesor. Una postura que se agravará ante “un resultado muy favorable” en las elecciones municipales, lo cual desencadenaría en “reconsideraciones importantes en el tratamiento del Poder Comunal, especialmente de sus consejos comunales y, como consecuencia, en la reconsideración de la gestión urbana en las ciudades, y asumo que en los programas de vivienda y desarrollo urbano [que estén bajo los aportes y gerencia de los Consejos Comunales]”.

En pocas palabras, las “Ciudades Socialistas” se irán apagando, progresivamente, como símbolos ideológicos, no sólo por los factores previamente expuestos, sino además por “no ser más que urbanizaciones funcionalmente aisladas de la dinámica de sus contextos, sin correspondencia alguna con la planificación regional-urbana y ambiental que debe contextualizarlas dentro de las ciudades y metrópolis a las que pertenecen”, aclara Olinto.

Para demostrar el fracaso de las “Ciudades Socialistas”, el expresidente de Conavi apunta que “después de siete años del anuncio en Aló Presidente 259, en 2006, de la construcción de 19 [Ciudades Socialistas], sólo tres tienen parcialmente presencia física inacabada, más no urbanística. No tienen vida social urbana”. Asimismo, Olinto enfatiza que el ejemplo más evidente de éste fracaso es la Ciudad Caribia, un “exabrupto sueño urbanístico e ideológico del presidente Chávez, iniciada en 2007 y conducida por personal cubano, que sólo alcanzó 1.600 viviendas construidas para mayo 2013, de las 20.000 programadas y anunciadas publicitariamente desde hace seis años”, determina.

Misión Vivienda y sus sombras

En el análisis Ideología y ciudad en el “Socialismo del siglo XXI” , el profesor Olinto deja claro que la Gran Misión Vivienda sólo nace como una herramienta política para paliar el efecto del fracaso, durante los primeros 12 años del gobierno de Hugo Chávez, en materia de desarrollo urbano, vivienda y urbanismo. En este sentido, la Misión “es concebida como un fin en sí mismo, y no como un medio para producir calidad y sincronía con los usos dominantes y tendenciales en los contextos de los espacios urbanos de la ciudad que los contiene”.

Para acotar todas las sombras que envuelven a la Misión, Olinto cita el Análisis de riesgos de corrupción e integridad en la Gran Misión Vivienda de la Organización Transparencia Venezuela, en la que se revelan, al menos, 12 aspectos que denuncian prácticas inusuales, la falta de información pública y la carencia de independencia o autonomía entre los entes relacionados a la política estatal. Una suma de elementos que evidencian que “la dispersión, inconsistencia, calificación por procesos, desempeño, cumplimento de las normativas y la eficiencia (buen uso de los recursos) pueden impedir que lleguen los beneficios a quien corresponda y, por ello, persista la dolencia social que la Misión pretende superar”.

Según Olinto, esto evidencia que en la Gran Misión Vivienda prevalecen, especialmente, “las actuaciones no planificadas, con una dominante presencia constructiva vinculada a lo cuantitativo en intervenciones puntuales, desarticuladas, con ausencias en muchos casos de los servicios urbanos y equipamientos básicos de apoyo a la actividad residencial; y sin responder a un plan general urbano que pueda otorgarles coherencia para mejorar la calidad urbanística y ambiental de estas intervenciones en la ciudad”.

Una desorganización que se puede observar, por ejemplo, en los edificios multifamiliares en los que Olinto ha encontrado serias dificultades en los indicadores de convivencia social, calidad, funcionamiento y localización. Especialmente, cuando se trata de desarrollos de altas densidades en edificios multifamiliares, donde su aspecto central y determinante de la convivencia está ausente. Un escenario por el que el expresidente de Conavi cree que estos edificios “están vacíos de alma colectiva que los agrupe”, al ser “simplemente, depósitos de refugiados con concentraciones homogéneas de pobreza en altas densidades, lo cual tenderá a transformarse en guetos urbanísticos y reinvirtiendo el buen devenir de esos sectores de las ciudades donde se localizan, al menos que se intervenga educacionalmente”, precisa.

Los efectos colaterales de la Gran Misión Vivienda son visibles en los ejes metropolitanos, donde, según Olinto, “se está evidenciando un deterioro creciente en su infraestructura, en su aparato productivo y en el empleo. Adicionalmente, la decadencia metropolitana se exacerba con los crecientes costos sociales, económicos y políticos, que implican las deficiencias anotadas, unidas a la desesperante movilidad y accesibilidad”.

El análisis de Olinto revela, de esta manera, que las políticas urbanísticas del Gobierno en los últimos siete años sólo han servido para desmejorar la calidad de vida de los ciudadanos venezolanos, así como empeorar la organización y estructura social. Ante la evidente falta de recapacitación oficialista, sólo queda darle la razón a John Kotter y asegurar que “no se pueden dirigir ciudades del siglo XXI, con estructuras del siglo XX y dirigentes del siglo XIX”.

Anexo
Las 12 denuncias del Análisis de riesgos de corrupción e integridad en la Gran Misión Vivienda de la Organización Transparencia Venezuela

1. El presupuesto total de ejecución de la Gran Misión Vivienda es superior al presupuesto nacional de Guatemala. En la Misión se han invertido 13.743 millones de dólares, mientras que el presupuesto del país suramericano fue de 7.509,12 millones de dólares en 2012, según el Centro Internacional para Investigaciones en Derechos Humanos –CIIDH.

2. En cuanto a las contrataciones, la Gran Misión Vivienda sólo “contrata”, de manera discrecional, a empresas nacionales e internacionales. Los procedimientos de estas negociaciones no están claros, la información involucrada no está disponible y se desconoce a los actores.

3. Se tienen los nombres de 83 empresas y el número de contratos que maneja cada una, pero se desconocen los montos de los contratos y el número de viviendas al que corresponde cada uno. Lo mismo ocurre con las empresas extranjeras, que además son de contratación directa y sin concurso.

4. No hay información que permita conocer los criterios de asignación, es decir, de los más de tres millones setecientas mil de familias registradas en la Misión Vivienda, ¿cómo se seleccionaron a los 346.798 beneficiarios en 2011 y 2012?, ¿cuáles fueron los criterios de priorización? En los programas sociales que han tenido éxito en América Latina ha habido condicionalidad en la entrega del beneficio.

5. Hay ministerios que mantienen la responsabilidad del pago de los servicios públicos en edificaciones de la Gran Misión Vivienda.

6. No existe información publicada sobre el número de familias que recibieron viviendas nuevas, entrega de materiales o créditos, ni a quiénes se les asignó subsidios del 100%, 80% y 60%.

7. Para el momento de la salida del programa, no existen reglamentos o normativas. Tampoco se ha publicado el listado de las personas que han recibido el beneficio de forma que se pueda constatar la entrega de las viviendas, y que los que reciben alguna ayuda, salen definitivamente del registro de beneficiarios.

8. No se tiene información del proceso de habitabilidad, permisos de ingeniería municipal, verificación de existencia y mantenimiento de servicios públicos básicos: luz, agua, cloacas, aseo urbano.

9. El Ministerio para la Transformación de la Gran Caracas no tiene memoria y cuenta publicada y el Despacho de la Presidencia, que se desempeña como Jefe de la Gran Misión Vivienda, no menciona el programa dentro de sus actividades.

10. El Ministerio de la Vivienda no especifica en su rendición de cuentas, el lugar donde se construyen las viviendas, el único organismo que ofrece información detallada de la localidad donde se realiza la construcción es la Fundación Misión Hábitat.

11. La Contraloría General de la República en su memoria y cuenta del año 2011, presentado abril de 2012, no menciona ni una sola vez a la Gran Misión Vivienda, a pesar de ser el programa más grande que se ejecuta en el país; es decir, la Contraloría no informa si hizo o no algún control, evaluación o seguimiento de la Misión.

12. El único organismo que rindió cuentas sobre inspecciones y fiscalizaciones fue la Vicepresidencia de la República, los cuales declararon que 92.820 viviendas fueron inspeccionadas entre los diferentes entes ejecutores de viviendas del Estado.

13. Otro punto que no pertenece a este informe, y que Olinto incluye, por su significado vinculado con las carencias anotadas previamente en los puntos 4, 6, 7 y 8, es la creciente venta por Internet de viviendas de la Gran Misión Vivienda. Además de los muchos casos de denuncias sobre servicios básicos, equipamientos, ausencia de ascensores en edificios multifamiliares, carencia de estacionamientos, entre otros.

Fuente: informe21.com
Fecha: 05-11-2013

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