martes, 18 de octubre de 2016


Carlos Salas (colaborador de idealista news)

Los optimistas dominan el mundo. Empresarios optimistas que tiran del carro, políticos optimistas que quieren llegar muy alto y por supuesto nosotros, pues no hay quien nos pare cuando somos optimistas. ¿Por qué es bueno? Imaginen la siguiente situación. Ustedes están buscando un piso con su pareja para formar una familia y de repente se encuentran con la vivienda soñada. Hacen cuentas: calculan los salarios de cada uno, la proyección en los próximos veinte años, los gastos que lloverán y toman la decisión. “Lo compramos”. Piden una hipoteca y se embarcan en el mayor gasto de su vida.
Un momento. ¿Y si despiden a uno de los dos? ¿Y si despiden a los dos? ¿Qué pasaría si la empresa promotora suspende pagos? ¿Y si es una cooperativa? ¿Y el euríbor? ¿Han pensado que puede repetirse lo de 2008 cuando superó el 5%? ¿Por qué somos tan optimistas?
Los psicólogos evolutivos tienen una explicación a ese irrefrenable optimismo que nos invade a los humanos: para la sociedad en general, es mejor ser optimista que pesimista."
Imaginen esta escena hace 50.000 años: un invierno durísimo, una glaciación que nunca acababa (la última terminó hace 12.000 años), el ataque de virus que infectaban tribus enteras y las aniquilaba, ver a tus hijos morir por enfermedades desconocidas, ver a mujeres morir en el parto, pasar hambre, ir caminando de un lugar a otro (entonces éramos trashumantes), envejecer a los 50 años, sufrir inundaciones, atravesar guerras…"
Cualquiera hubiera preferido tomar la actitud del pesimista y decir: me retiro a la cueva y me dejo morir, este mundo es un asco. “Pero con tantas barreras aparentemente insalvables de la vida, la naturaleza nos ha prestado los medios para crear una actitud de optimismo poco realista sobre nuestra capacidad paras superarlas, y eso es precisamente lo que nos ayuda”, dice el físico y especialista Leonard Mlodinow.
En las malas circunstancias, lo que ha hecho levantarse a la tribu humana era el optimismo; no el pesimismo. Vale, a veces es un optimismo irracional, pero ¿no era eso lo que hacía Steve Jobs? “Cuando nos enfrentamos a la vida, el optimismo poco realista puede ser el salvavidas que nos mantenga a flote”, añade Mlodinow en su libro Subliminal, cómo tu inconsciente gobierna tu comportamiento (Editorial Crítica).
Pues bien, los evolucionistas creen que esa característica se fue asentando porque las tribus más optimistas o las que estaban lideradas por optimistas irracionales (los Steve Jobs de su tiempo), fueron las que sobrevivieron.
Por eso, aun hoy, en medio de la crisis, nos dejamos llevar siempre por optimistas, y cuando tenemos que tomar decisiones económicas como comprar pisos o invertir en bolsa, vemos el futuro con optimismo. “Cariño, este negocio no va a fallar”. Y claro, a veces falla.
¿Por qué ha sucedido? Porque nos mentimos a nosotros mismos. Eso es lo que hace un optimista. Mentirse. “Nuestro inconsciente nos da lo mejor cuando nos ayuda a crear un sentido positivo y amable de nuestro yo, un sentimiento de poder y control en un mundo lleno de poderes mucho mayores que el meramente humano”, dice Mlodinow.
Es más, en el trabajo, nos encantan esos optimistas que nos suben la moral cuando estamos abatidos: ‘Venga chicos, podemos hacerlo’. “Quienes se sienten bien consigo mismos –dice Mlodinow– se muestran más dispuestos a cooperar en las negociaciones, más dispuestos a buscar una solución constructiva a sus conflictos. También son mejores en la resolución de problemas y están más motivados para el éxito y más dispuestos a perseverar ante los retos”.
Los preparadores médicos deportivos y los neurólogos saben que cuando el cuerpo humano está en su ‘estado de zona o de flujo’, rezuma una hormona que se llama dopamina, y cuando se deprime, produce cortisol, que nos inhibe y nos desorienta.
El optimismo, aunque sea mentirse diciendo, ‘¡vamos, tú puedes Juan!’, ayuda a superar los problemas. Incluso hay un dicho en EEUU que es: “Finge, hasta que sea verdad”. Los psicólogos llaman a esa actitud ‘campo de distorsión de la realidad’. "Consiste en convencerse a sí mismo y a otros de que podían lograr lo que quisieran."
Es más, la mayor parte de los logros humanos provienen de personas que en mayor o menor medida, creía en sí misma, en su proyecto o en su decisión. “Y es muy probable que los mayores logros dependan de que esa persona sea no ya optimista, sino exageradamente optimista”, añade Mlodinow.
¿Recuerdan cuando Steve Jobs les dijo a sus ingenieros que debían fabrican un móvil revolucionario? Todos respondieron: “Steve, eso es imposible, nosotros fabricamos ordenadores”. Y Jobs respondió: “Vamos a fabricar el mejor móvil del mundo”. ¡Qué optimista! Pensarían algunos ingenieros.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada